GUÍA · CÓMO ELEGIR

Agencia, freelance o plantilla: cómo elegir quién te hace el sitio

Elegí por lo que el sitio tiene que hacer, no por lo que sale. Si es una presencia simple que casi no va a cambiar, una plantilla bien elegida alcanza y es la vía más rápida y más barata. Si necesitás algo propio pero acotado, un buen freelance hace el mismo trabajo técnico que una agencia por menos plata. Una agencia recién se justifica cuando el sitio tiene que cobrar, facturar, reservar turnos o sostener pauta —o sea, cuando si falla te cuesta plata— y cuando necesitás que haya alguien atendiendo el mes que viene. Point Web es una agencia, así que lo decimos con todas las letras: hay casos donde contratarnos es gastar de más.Ahora, la decisión que más define el resultado no es cuál de las tres elegís. Es si podés responder cuatro preguntas: a nombre de quién quedan el dominio y el hosting, quién puede editar el sitio, dónde están los backups y quién lo mantiene. Es algo que vemos seguido en los sitios que nos llegan para rehacer: el problema no es técnico, es que nadie tiene las llaves.

ACTUALIZADO EN JULIO DE 2026

¿Cuál conviene según lo que tiene que hacer tu sitio?

La respuesta corta: si el sitio sólo tiene que mostrar y recibir consultas, plantilla. Si tiene que ser propio pero el alcance está definido y hay con quién hablar directo, freelance. Si tiene que cobrar, facturar o reservar turnos, agencia. La pregunta que ordena la decisión no es cuál es mejor en abstracto: es qué pasa el día que algo falle.

Una página que presenta un servicio y manda a WhatsApp puede estar rota una tarde y no pasa gran cosa. Una tienda que cobra, un sistema de turnos o un sitio que factura son otra cosa: cada hora rota es plata que no entra.

Y ese tipo de error no avisa. No aparece un cartel rojo: el pedido queda «pendiente», el mail del formulario no sale, el precio de la página quedó viejo. Desde afuera todo se ve normal.

Qué mirarPlantilla / lo armás vosFreelanceAgencia
Costo inicialEl más bajoIntermedioEl más alto
Velocidad de arranqueVos ponés el ritmoSegún su agendaSegún el alcance acordado
Quién lo edita despuésVosVos o esa personaVos y/o el equipo
Si esa persona no estáNo aplicaSe corta todoLo puede tomar otra persona del equipo
BackupsLos resolvés vos o el hostingPreguntar: no siempre estánTienen que ser parte del servicio
Cobros, facturación y turnosSólo lo que traiga el pluginPosible, según su experienciaEs donde más se nota la diferencia
Riesgo típico que vemosSe llena de plugins y carga lentoNadie tiene los accesos cuando hacen faltaPagar estructura que no necesitás

¿Qué tenés que preguntar siempre, contrates a quien contrates?

Cuatro preguntas, y valen lo mismo para una plantilla de tres páginas que para una tienda con facturación electrónica: a nombre de quién quedan el dominio y el hosting, qué accesos te entregan y cuándo, quién hace los backups y cómo se restauran, y quién mantiene el sitio después de la entrega. Hacelas antes de pagar y pedí las respuestas por escrito.

Ojo con «los accesos»: no es una clave sola. Son varios y suelen estar repartidos en manos distintas.

El usuario del panel de hosting y el de administrador del sitio son cuentas distintas, aunque se parezcan y vengan del mismo proveedor. Nos pasa seguido: alguien tiene la clave con la que entra a editar textos y cree que con eso tiene el hosting, y en realidad son dos cuentas separadas conviviendo en el mismo servidor.

En algunos hostings, en cambio, el mismo usuario y contraseña abren el panel, el administrador del sitio y la clave que lo protege mientras se construye. Si te pasan una sola clave, preguntá para cuál de esas cosas sirve.

Sobre backups: un backup es un archivo, con fecha, en un lugar que podés señalar. Si nadie lo restauró nunca, no sabés si existe. La forma seria de trabajar sobre un sitio vivo es copia de la base de datos antes de tocar nada y, además, copia de la pieza puntual que se va a modificar —la configuración del correo, la plantilla del encabezado— para poder volver atrás sin revertir el sitio entero.

Y sobre mantenimiento: preguntá qué incluye. Sin mantenimiento el sitio no explota, se degrada en silencio. Nos pasó en nuestro propio sitio: el plugin de caché quedó desactivado porque se guardó su formulario de configuración antes de que terminara de cargar. El sitio siguió abriendo igual, simplemente dejó de servir las páginas rápido, y no avisó nadie.

  • ¿A nombre de quién quedan el dominio y el hosting? Tiene que ser el tuyo o el de tu empresa. El dominio es lo único verdaderamente irreemplazable de todo el proyecto.
  • ¿Qué accesos me entregás y cuándo? La respuesta correcta es "todos, al terminar" (o antes). Si hay que pedirlos como un favor, ya hay un problema.
  • ¿Quién hace los backups, cada cuánto y cómo se restauran? Que te digan dónde están, no que existen.
  • ¿Quién mantiene el sitio después de la entrega y qué incluye? Actualizaciones, seguridad y cambios chicos, como mínimo.
AccesoQué es y por qué importa
Registrador del dominioDónde se renueva el dominio y con qué cuenta. Es lo único irreemplazable: sin eso, cambiás de dirección.
Panel del hosting o del servidorDesde ahí se manejan archivos, base de datos, correos y certificados. No es lo mismo que el acceso al sitio.
Administrador del sitioEl usuario con el que se edita el contenido en WordPress u otro gestor.
Casillas de correo del dominioLas que usa el formulario y las notificaciones de la tienda. Quedan olvidadas hasta que dejan de andar.
Licencias de temas y plugins pagosA nombre de quién están y quién las renueva. Una licencia vencida deja de actualizar y de dar soporte.
Medición y publicidadGoogle Search Console, la herramienta de estadísticas y, si hacés pauta, las cuentas de anuncios. El historial no se recupera si se crean de nuevo.

¿Cuáles son las señales de alarma?

Esto no sale de un manual. Es lo que más se repite en los sitios que llegan para rescatar o rehacer.

Si reconocés dos o tres de estas señales en tu sitio actual, no significa que haya que tirarlo abajo. Significa que hay que hacer un inventario antes de invertir un peso más en él.

  • Nadie te sabe decir dónde está alojado el sitio ni quién renueva el dominio.
  • El desarrollo a medida está ofuscado y atado al dominio. En un sitio con pasarela bancaria, el plugin que manejaba los pagos era un solo archivo escrito a propósito para que no se pudiera leer, y encima sólo se activaba si la dirección del sitio contenía el nombre del negocio: no se podía auditar ni mudar sin el proveedor original.
  • Hay páginas que sólo se dejan editar desde un lugar. En una tienda que atendemos, el contenido real de la portada vivía en una caché interna del constructor y no en los datos de la página: cualquier edición hecha por fuera del editor visual se revertía sola.
  • El mail del formulario no sale y nadie se entera. Encontramos una casilla mal escrita por una sola letra en la configuración de envío: el servidor rechazaba la autenticación y no salía ningún correo del sitio, ni los del formulario ni los de la tienda.
  • Quedan textos sueltos en inglés. El ícono de carrito de un constructor visual muy usado deja "Cart" y "No products in the cart." sin traducir, y eso se ve en todas las páginas del sitio.
  • Los precios están escritos a mano en la página. Una clienta cambió el precio en su tienda y la landing siguió mostrando el viejo, porque el número estaba tipeado en el texto en vez de leerse del producto.
  • La página promete algo que la tienda no hace. Antes de publicitar una landing hay que mirar la configuración real, no lo que uno supone: un medio de pago puede figurar instalado pero no estar activo para el comprador, y la entrega de un producto digital puede estar configurada como manual sin que nadie lo note. Si el texto promete otra cosa, el reclamo lo hace el cliente que ya pagó.
  • Hay pedidos pagados que quedan en "pendiente" y se cancelan solos. Suele ser el aviso automático de la pasarela que no llega al sitio; mientras tanto, la reserva de stock vence y el pedido se anula.
  • Detalles rotos que nadie mira. En una tienda, el cartel de descuento tenía un ancho fijo mal puesto: sin oferta dejaba un cuadradito de color fantasma al lado del precio, y con oferta mostraba el "12% OFF" aplastado e ilegible.
  • El sitio carga lento y el culpable es un plugin de más, no el diseño.

¿Cuándo conviene una plantilla?

Cuando el sitio es una presencia: quién sos, qué hacés, cómo te contactan. Contenido que cambia poco, presupuesto acotado y ganas de manejarlo vos. En ese escenario, una plantilla bien elegida es la mejor relación entre lo que ponés y lo que obtenés, y no hay ningún argumento honesto para venderte otra cosa.

El costo real de una plantilla no es la plantilla: es lo que se le agrega después. Cada función que falta se resuelve sumando un plugin, y cada plugin suma archivos que el visitante tiene que descargar antes de ver tu página.

Un ejemplo medido en nuestro propio sitio. Un plugin de seguimiento de estadísticas cargaba cinco archivos propios de JavaScript, además de los scripts de Google y de Meta que igual hay que cargar. El fragmento oficial que reemplaza a esos cinco archivos pesa unos 2 KB y, encima, se puede diferir hasta que el visitante interactúe.

Lo que costó: en julio de 2026 el puntaje de PageSpeed de nuestro sitio quedó en 77 en escritorio y 61 en celular. Hubo tres causas y las tres fueron nuestras —el seguimiento cargando sin diferir, una regla de caché mal puesta en el servidor y el plugin de caché desactivado por accidente—, pero del plugin de seguimiento tenemos la prueba más limpia: lo desactivamos y el escritorio volvió a 98 en el acto.

Después lo reemplazamos por el código oficial, cargado recién cuando el visitante hace algo en la página. Nuestra medición local antes y después subió de 52 a 91 en celular y de 64 a 95 en escritorio, con el seguimiento funcionando completo. Son números de una medición local: sirven para comparar el antes y el después en el mismo equipo, no para ponerlos al lado de los de PageSpeed, que es otra escala. Y un matiz honesto: retrasar la carga funciona cuando el contacto siempre pasa por un gesto, como un clic a WhatsApp. En una tienda donde se convierte sin interacción, hay que revisarlo.

Hasta el antispam pesa: el script de reCAPTCHA son unos 250 KB, y conviene que cargue sólo en la página del formulario y no en todo el sitio.

No conviene una plantilla cuando el sitio tiene que cobrar con reglas propias, facturar, tomar turnos, mostrar precios que cambian seguido, o cuando vas a poner plata en publicidad apuntando a él.

¿Cuándo conviene un freelance?

Cuando el trabajo está definido, hay con quién hablar directo y el presupuesto no da para una agencia. Un buen freelance hace exactamente el mismo trabajo técnico. La diferencia no es la calidad: es la continuidad y la cantidad de frentes que puede sostener a la vez.

El riesgo es uno solo y es siempre el mismo: una persona. Se enferma, cambia de trabajo, se satura, deja de contestar. Tu sitio, mientras tanto, sigue vivo y cobrando.

Ese riesgo se baja sin pelearse con nadie, pidiendo desde el primer día lo mismo que le pedirías a una agencia.

  • Dominio y hosting a tu nombre desde el arranque, no al final.
  • Los accesos entregados y probados por vos, no prometidos.
  • Backups en un lugar que vos controlás, y que te muestre cómo se restauran.
  • Lista de qué plugins y temas pagos usa el sitio y a nombre de quién están las licencias.
  • Si hay desarrollo a medida: que quede documentado, legible y sin ataduras al dominio, para que otro pueda continuarlo.

¿Cuándo conviene una agencia y cuándo no?

Empecemos por cuándo no. Si necesitás una sola página que no va a cambiar, una agencia es gastar de más. Si tenés a alguien en el equipo que puede mantenerlo, también. Si estás validando una idea y todavía no sabés bien qué vas a vender, poné la plata en descubrirlo, no en el sitio. Y si lo que buscás es simplemente el precio más bajo, con una agencia no vas a estar contento: el precio más bajo no es nuestro juego.

Conviene cuando el sitio deja de ser una presencia y pasa a ser parte de la operación. Cobrar online, facturar electrónicamente, tomar turnos con capacidad limitada, vender al exterior en otra moneda, sostener campañas de publicidad. Ahí los errores no son estéticos: son plata.

Un caso real, para que se entienda de qué tipo de errores hablamos. En una tienda armamos un descuento por medio de pago. Si el cliente elegía retiro en el local con pago contra entrega y después cambiaba el envío, el medio de pago desaparecía de la lista pero el descuento se seguía aplicando: 355,50 pesos regalados por pedido, y era explotable a propósito. No apareció mirando la configuración: apareció simulando todas las combinaciones de envío por medio de pago.

Otro: en un checkout se puede sacar el campo de país para simplificar el formulario, y la tienda deja de poder completar compras. El mensaje de error ni siquiera dice qué campo falta. El dueño ve un sitio que anda perfecto y ventas que no entran.

Lo que estás pagando de más en una agencia es estructura: gente que se reemplaza entre sí, backups como rutina, registro de cambios, alguien que puede atender cuando el que lo armó no está. Si tu sitio no necesita eso, no lo pagues.

  • Tu sitio cobra, factura o reserva, y si se cae perdés operaciones, no visitas.
  • Hay integraciones con terceros: pasarelas de pago, facturación electrónica, sistemas de turnos, sistemas de envío.
  • Vendés al exterior o en varias monedas y necesitás que cada moneda cobre por donde corresponde.
  • Estás invirtiendo en publicidad y la página tiene que decir exactamente lo que promete el aviso.
  • Necesitás que en dos años haya alguien a quien escribirle.

¿Qué pasa cuando el proyecto se abandona a mitad de camino?

Es un escenario que vemos seguido, y casi nunca es un desastre técnico: es un problema de llaves. El sitio existe, muchas veces funciona, y nadie puede entrar a tocarlo.

La buena noticia es que se rescata más de lo que la gente cree. El contenido, los productos, los pedidos y los datos de clientes viven en la base de datos y se pueden migrar. El diseño hecho con un constructor visual se puede seguir editando si tenés el acceso de administrador.

Lo que no se rescata fácil es todo lo que quedó atado a otro: desarrollos a medida ofuscados y bloqueados por dominio, licencias compradas con la cuenta del que se fue, y páginas cuyo contenido real quedó guardado en una caché interna en vez de en los datos. Y, obviamente, lo que nunca se respaldó.

Una aclaración justa, porque no todo lo pendiente es culpa del que hizo el sitio. En un sitio con pasarela bancaria los pedidos quedaban pendientes y el motivo era que el banco nunca llamaba a la dirección de aviso del sitio. El sitio respondía bien desde internet: lo que faltaba era registrar esa dirección en el panel del banco. Eso lo destraba el proveedor de la pasarela, no el desarrollador.

  • Recuperá el dominio primero. Es lo único irreemplazable; todo lo demás se puede rehacer.
  • Después el hosting. Si no tenés el acceso, el que lo destraba es el proveedor del hosting con la documentación de titularidad, no el que hizo el sitio.
  • Backup completo antes de tocar nada: base de datos y archivos.
  • Cambiá todas las claves: hosting, administrador del sitio, FTP y casillas de correo.
  • Hacé el inventario: qué plugins hay, cuáles son a medida, cuáles son pagos y a nombre de quién.
  • Probá el circuito real de punta a punta antes de decidir si se rescata o se rehace.

¿Cómo comprobás que el sitio quedó realmente terminado?

Mirar el sitio no alcanza, porque las cosas que fallan se ven bien. Estas comprobaciones las puede hacer cualquiera, sin saber nada de código, y en un rato.

Una advertencia sobre velocidad: medir desde Argentina contra un servidor en el exterior da números mucho peores que los reales. En un mismo sitio medimos 1,5 segundos de espera desde acá contra 180 milisegundos de lo que ve Google. Las mediciones locales sirven para comparar antes y después de un cambio, nunca como número absoluto.

Y una cosa más: después de cualquier cambio, miralo con la caché limpia o desde otro dispositivo. Es normal que quien edita vea una versión y el visitante vea otra. Nos pasó con un hosting que servía los estilos con caché de un año: los visitantes nuevos veían el sitio bien y los que ya lo habían visitado podían seguir viendo el diseño viejo hasta que se les venciera la caché.

  • Hacé una compra, una reserva o una consulta de prueba completa, hasta el final. Después mandá ese pedido de prueba a la papelera, nunca lo borres definitivamente.
  • Mandate un mensaje desde el formulario de contacto y confirmá que llegue a la casilla real de la empresa, no a la del que armó el sitio.
  • Abrilo en el celular, no sólo en la computadora: ahí es donde aparecen los desbordes y los textos cortados.
  • Verificá que lo que promete el texto sea lo que la tienda hace: qué medios de pago están realmente activos y si la entrega es automática o manual.
  • Medí la velocidad en pagespeed.web.dev, la herramienta oficial, y no con un medidor local.
  • Pedí ver el backup: archivo, fecha y ubicación.
  • Revisá que no queden textos en inglés ni cartelitos de relleno del tema en ninguna página.

¿Qué mueve el costo de un sitio?

No publicamos tarifas, pero sí podemos decirte qué hace que dos presupuestos por «el mismo sitio» se parezcan tan poco. Casi nunca es el diseño: es la cantidad de circuitos que el sitio tiene que sostener sin que nadie los empuje a mano.

Un ejemplo de lo que no se ve en un presupuesto. Un sistema de reservas que operamos guarda los horarios en formato universal y los convierte al huso local por su cuenta; mandarle la hora ya convertida corría todos los turnos tres horas. Nadie cotiza eso, pero es la diferencia entre un sistema que funciona y un sistema que hay que corregir a mano todos los días.

El costo que más se subestima no es el del sitio: es el de mantenerlo. Es el único que se repite todos los meses y el único que evita que dentro de dos años estés leyendo la sección de arriba.

  • Cantidad de pantallas distintas, no de páginas. Veinte páginas con el mismo molde cuestan menos que cinco pantallas diferentes.
  • Si hay que cobrar online y con cuántos medios de pago.
  • Si hay que facturar: condición fiscal, punto de venta y tipo de comprobante son configuraciones que se prueban una por una.
  • Si hay turnos o reservas: capacidad por horario, empleados, horarios de atención y husos horarios.
  • Si vendés al exterior. En una tienda configuramos quince monedas a la vista, con cobro en pesos por Mercado Pago y transferencia, y en dólares por PayPal, porque Mercado Pago Argentina suele operar sólo en pesos.
  • Quién carga el contenido. Cargar veinte productos con precio, descripción y características es trabajo, y cruzar el listado del cliente contra la tienda casi nunca da exacto: en un caso coincidieron diecinueve de veinte, y el restante no correspondía a ningún producto de la tienda, así que hubo que decidir qué hacer con él antes de cargar nada.
  • Integraciones que dependen de un tercero. El trabajo del lado del sitio puede estar terminado y el circuito seguir abierto hasta que el banco o el organismo hagan lo suyo.
  • El mantenimiento posterior.
PREGUNTAS FRECUENTES

Preguntas frecuentes

¿Puedo empezar con una plantilla y después pasar a una agencia o a un freelance?

Sí, y es un camino habitual. El dominio se conserva porque es independiente del sitio; y el contenido, los productos y los datos de clientes y pedidos se migran, porque viven en la base de datos. Lo que se rehace es el diseño y, casi siempre, se sacan plugins acumulados. Lo único que complica de verdad la mudanza es el desarrollo a medida atado al dominio y las licencias compradas a nombre de otro.

¿El sitio es mío si lo hizo una agencia o un freelance?

Depende de a nombre de quién estén el dominio y el hosting, no de quién escribió el código. Definilo por escrito antes de empezar y preguntá específicamente por los desarrollos a medida: hay plugins hechos a medida que se bloquean si cambiás de dominio, y eso convierte una mudanza simple en una reconstrucción.

¿Cada cuánto hay que hacer backup?

Antes de cada cambio sobre el sitio en producción, y además de forma periódica. La práctica que usamos es copia de la base de datos antes de tocar nada, más una copia de la pieza puntual que se va a modificar, para poder volver atrás sin revertir el sitio entero. Y una regla: un backup que nadie restauró nunca es una suposición, no un respaldo.

¿Es cierto que WordPress es lento?

No de por sí. Lo que pesa es lo que se le agrega encima. En nuestro propio sitio, en julio de 2026, el puntaje de PageSpeed quedó en 77 en escritorio y 61 en celular por tres causas, todas nuestras: un plugin de seguimiento cargando sin diferir, una regla de caché mal puesta en el servidor y el plugin de caché desactivado por accidente. Del plugin de seguimiento tenemos la prueba más limpia: lo desactivamos y el escritorio volvió a 98. Y sacar la regla del servidor bajó el tiempo de respuesta de 520 a 180 milisegundos. Ninguna de las dos cosas es culpa de WordPress.

¿Qué hago si el freelance que me hizo el sitio desapareció?

Buscá tres accesos: el del registrador del dominio, el del panel del hosting y el de administrador del sitio. Con esos tres, en general el sitio se puede retomar. Sin el acceso al dominio, el sitio se rescata igual, pero el dominio hay que recuperarlo o cambiarlo: es lo único que no se rehace. Por eso conviene pedir los tres el primer día, no cuando hay un problema.

¿Cómo sé si mi sitio actual está bien mantenido?

Tres pruebas de diez minutos. Mandate un mensaje desde el formulario y fijate si llega. Hacé una compra o una consulta de prueba hasta el final. Abrilo en el celular. Si las tres andan y además podés decir dónde está el backup y quién lo hace, tu sitio está cuidado en lo que importa.

¿Conviene que el mismo que hace el sitio maneje la publicidad?

No es obligatorio, pero ayuda cuando la pauta manda a una página específica: el aviso y la página tienen que ofrecer lo mismo, con los mismos precios y los mismos medios de pago. Si trabajás con dos proveedores distintos, alineá por escrito qué promete el aviso y qué hace la página. El reclamo más caro es el del cliente que llegó buscando algo que la página no cumple.

¿Una agencia es siempre más cara?

En el arranque, casi siempre sí. La diferencia se justifica cuando el sitio tiene que sostener operación y necesitás continuidad; no se justifica cuando lo que necesitás es una página linda que casi no va a cambiar. No es lo que más se dice en una reunión de venta, pero es así, y por eso circulan presupuestos de agencia para proyectos que no necesitaban una agencia.

Ninguna de las tres vías te salva de las cuatro preguntas: accesos, propiedad, backups y mantenimiento. Si las tenés resueltas, cualquiera de las tres puede funcionar bien. Si no las tenés, ninguna te va a salvar.Point Web es una agencia. Desde 2021 entregamos más de 700 proyectos y hoy mantenemos más de 350 clientes activos con equipo propio, así que también recibimos los sitios que quedaron a mitad de camino. Si tenés uno dando vueltas y no sabés en qué estado está, escribinos por WhatsApp al 11 6792-8752, a proyectos@pointwebglobal.com o desde contacto, y te decimos qué se puede rescatar, aunque el trabajo lo termine otro.

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